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Vanessa Carlton nos enseña a amar de nuevo con su álbum ‘Love is an Art’

18 años y cuatro álbumes después Vanessa Carlton ya no es ningún icono del pop y, aunque medios como Rolling Stone continuaban comparando sus últimas producciones con su primer éxito, el último lanzamiento de la compositora es todo un ejemplo de madurez, introspección y experimentación. ‘Love is an Art’, que salió a la venta el pasado 27 de marzo, es un arduo sendero que nos presenta a una persona diferente quien conoce el dolor de primera mano, no pactado y maquillado por un sello discográfico, sino por ásperas experiencias personales.

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Atrás quedó la muchacha de 21 años que resonaba hasta la saciedad en la radio con su fresco ‘A Thousand Miles’. Carlton ya no disfruta del éxito del que gozaba en el 2002 y, pese a ello, este disco nos trae a una artista desconocida y nos basta el primer tema para comprender este hecho. ‘I Can’t Stay The Same’ introduce marcadamente la percusión como ya sucedía en temas suyos como ‘Nolita Fairytale’ pero creando una mezcolanza completamente nueva acompañada de sonidos agudos de sintetizador, guitarras, coros y su voz, la cual ya no es una alegre entonación sino la narradora de un cuento más oscuro y que parece contestar a los críticos que la acusan de ser más que una one-hit-wonder’. Sigue ese mismo planteamiento de reivindicación del yo ‘Companion Star’, más onírico que el anterior pero preguntándose también quién quiere ser y cómo superar los muros que otros nos ponen para impedir conocernos a nosotros mismos.

Es en la tercera canción donde comienza a entrañarse la esencia del álbum, además es el lugar donde podemos comenzar a volver a apreciar el amado piano de Vanessa. ‘I Know You Don’t Mean It’ nos ofrece uno de los discursos más repetidos de ‘Love is an Art’: seres humanos que se aman pero no saben como dejar de hacerse daño. Esta opacidad que  lo envuelve teñirá el resto de los temas y transmite una soledad inusitada con tan solo una frase: «On the outside you are alive. On the inside you are crawling». Estas letras desoladoras, además de personales, pueden ser reivindicativas como nos demuestra en ‘Die, dinosaur’ compuesta para los políticos dirigentes de EEUU (y en especial para el presidente, Donald Trump) tras los tiroteos de Parkland en 2018. Esta composición cubierta de nuevo por la percusión, un bajo resonante y unos ecos masculinos que hacen destacar incluso más su propia voz deja patente que la juventud debería ser la armonía principal en esta era y no los políticos que se llenan los bolsillos a costa de otros.

De mano de esta canción tan polémica pasamos a la que da nombre al disco: ‘Love is an Art’. Se retoma aquí la tormenta de la que hablábamos previamente aunque con un rayo de esperanza tal y como a veces sucede en los amores más maduros. El pequeño ensayo de cuatro minutos de la compositora pone de manifiesto los altibajos de una persona dentro de una relación y cómo gracias al otro se pueden tratar y superar las propias mochilas emocionales. La suave voz de la cantante casi nos hace evocar la situación de la que nos habla en el estribillo cuando da caza a la oscuridad de la persona amada gracias a su propia luz. Esto puede ser contrario o casi complementario para ‘Future Pain’, la cual trata de alguien dispuesto a sumergirse en una relación con una persona rota y en donde los bajos resuenan menos acusadores e incluso encontramos una cola al final donde el piano y la guitarra tienen un protagonismo especial repitiendo la armonía tal y como sucedía en sus primeros trabajos.

‘Back to Life’, la breve ‘Patiente’ y ‘The Only Way to Love’ fluctúan constantemente entre la búsqueda de la felicidad en uno mismo y la recaída en los viejos hábitos del amor que solo nos deja concentrarnos en encontrar un camino único y doloroso acompañado de otro ser humano. Esto podría hacer pensar a quien la escucha que la línea del disco es un tanto aleatoria pero en sus dos últimos temas vuelve a encontrar el rumbo de la mano de ‘Salesman’ y, sobre todo de ‘Miners Canary’, la verdadera estrella y a su vez punto y final del álbum que recrea una bonita y sincera metáfora muy bien traída sobre quien está atrapado en una relación tóxica que lo perjudica, complace y confina al mismo tiempo. Además aprovecha estos últimos minutos para introducirnos su reguero eufónico de notas de piano al que hemos echado en falta en este proyecto.

Un disco, que demuestra no solo que la norteamericana puede escribir honestamente sobre temas populares como la juventud o el lado oscuro del amor sino que, teniendo en cuenta el maduro nivel de su composición, aún le quedan al menos mil millas más que recorrer en esta industria.

Rosario Blanco

Rosario Blanco

Periodista, realizadora, actriz y escritora. Todo a tiempo completo.

1 comentario

  • Muy buena reseña, aunque apenas estoy escuchando el disco y creo que lo volveré a escuchar unas veces más para poder entender bien la temática de su álbum, me encanta la música de Vanessa Carlton porque sus letras dicen mucho e incluso reflejan algunos momentos de nuestras vidas.

    Un saludo.

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