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Sufjan Stevens se sumerge en sintetizadores en ‘The Ascension’

El cantautor americano Sufjan Stevens se aleja del folk en su octavo disco, ‘The Acension’.

Cinco años hemos tenido que esperar para tener en nuestras manos un disco en solitario de Sufjan Stevens. Cinco años en los que el artista de Detroit no ha permanecido en silencio. Desde la publicación en 2015 de ‘Carrie & Lowell’, el emotivo álbum dedicado a su madre, fallecida tres años atrás, Stevens ha trabajado en varios proyectos. Lanzó un álbum conceptual sobre el sistema solar en 2017 (‘Planetarium’) junto a Nico Muhly y Bryce Dessner, grabó ‘The Decalogue’ de la mano del pianista Timo Andres para la compañía de ballet New York City Ballet y publicó ‘Aporia’ a principios de este año acompañado de su padrastro, Lowell Brams. Entre medias nos dejó ‘Mystery Of Love’, canción que formó parte de la banda sonora de la aclamada película ‘Call me by your name’ y que le valió una nominación al Oscar a la mejor canción original.

Ha tenido que pasar un lustro para que saliera a la luz un álbum de Sufjan Stevens en el que solo figurara su nombre. Y el resultado es espectacular. En ‘The Ascension’ abandona todo rastro de guitarras y banjos que pudo haber en el pasado del cantautor, y asume como propia una atmósfera etérea dominada por la electrónica, las cajas de ritmos y los sintetizadores, algo que puede recordar a ‘The Age Of Adz’, el disco que estrenó en 2010.

El álbum es una epopeya de 80 minutos y medio en los que el artista pone sobre la mesa los valores de la sociedad actual y pone en tela de juicio el llamado “sueño americano”. Cuando presentó el ‘single’ ‘America’ a principios de julio, Stevens dejó entrever que este iba a ser un disco con tintes sociales. La canción profundiza en las protestas sociales recientes de Estados Unidos y en las próximas elecciones del país americano. Dejó con ganas de más al público, y el disco no ha defraudado.

Destacan también ‘Videogame’, en la que Sufjan Stevens trata el tema de la idealización de las personas gracias a (o por culpa de) Internet y las redes sociales. Más tarde aparece ‘Sugar’, otro de los momentos estelares del álbum, que sube las pulsaciones de este disco que embelesa al oyente desde los primeros segundos. El viaje finaliza con la ya mencionada ‘America’, de 12 minutos de duración.

Sufjan Stevens ha explorado los límites de su propia creatividad en su octavo disco. Nos regala un álbum denso repleto de sonidos fascinantes en el que se ha reinventado a sí mismo y donde cada minuto cuenta para crear un universo capaz de dejarnos levitando a un palmo del suelo. Sin duda uno de los mejores discos de este 2020. Esperar cinco años ha merecido la pena.

Diego Mingolla Fernández

Diego Mingolla Fernández

Redactor musical. De Mallorca y, desde hace algún tiempo, también de Madrid.

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